Crisis económicas y oportunidades de inversión

Crisis económicas y oportunidades de inversión: radiografía de los mercados bajistas y sus lecciones

La pandemia del virus COVID-19 desató una crisis sin precedentes en todo el mundo, no solo a nivel sanitario y social sino también financiero. En estos tiempos de incertidumbre es cuando el inversor debe cuidarse más que nunca de sí mismo, ya que un mal timing y la mala gestión de las emociones pueden dejarnos fuera de nuestro camino hacia la libertad financiera. Y si bien el pasado no garantiza el futuro, aprender de las crisis económicas pasadas y los mercados bajistas más importantes de la historia puede ayudarnos a echar luz sobre el presente y entender porqué se dice que las crisis traen oportunidades.

Se denomina mercado bajista (o Bear Market en inglés) a aquellas situaciones en las que los mercados experimentan caídas de precios de más de un 20% desde sus máximos recientes. Estas caídas se caracterizan por ser de tiempo prolongado y es durante estos períodos que los inversores pierden el apetito por el riesgo y se vuelcan a inversiones más seguras para evitar la especulación y mayores pérdidas. Un mercado bajista no debe confundirse con una corrección de mercado, que presentan menor duración y las caídas observadas oscilan entre un 10% y un 20% desde los máximos anteriores.

Analizando la historia financiera reciente, la peor crisis económica fue la del Crack del 29’. Aquel famoso “jueves negro” de octubre de 1929 cuando la Bolsa de Nueva York cuando hubieron más de 16 millones de títulos cotizando en baja sin encontrar comprador. Esta abrupta caída provocó la ruina de aquellos que se habían endeudado para comprar dichos valores y el pánico no tardó en apoderarse de los inversores que corrieron hacia los bancos para retirar su dinero llevando a más de 600 entidades bancarias a la quiebra y dando comienzo al período conocido como “La Gran Depresión”.

Cuando analizamos la historia de los mercados bajistas, existen dos variables a tener en cuenta: la rapidez y profundidad de la caída. Hasta la llegada del Coronavirus, el Crack del 29’ ostentaba el título del mercado bajista más rápido de la historia tardando 42 días en caer más de un 20%. Sin embargo, la crisis económica de la pandemia que azotó en marzo del 2020 se hizo del título en solo 21 vertiginosos días traspasando la barrera del 20% desde el techo anterior. En el camino hubieron otras pero ninguna tan rápidas como estas dos. Entre las más significativas de la historia reciente se cuentan el “lunes negro” de 1987 (tercer mercado bajista más rápido de la historia), la “crisis de las puntocom” en 2001 y la crisis económica de la burbuja inmobiliaria en 2008.

Para comprender cuán profundo puede llegar a ser el impacto de los mercados bajistas en el patrimonio de un inversor, profundicemos según el caso. Como vimos, el crack del 29’ presentó caídas en torno al 80% desde los máximos demostrando la gravedad de dicha crisis económica. El segundo mercado bajista más profundo fue la crisis de las hipotecas subprime del 2008 con caídas en torno al 60%. La última crisis económica a causa de la pandemia, en tanto, si bien impactó de manera muy rápida, presentó caídas menores a sus antecesoras, en torno al 32% desde los máximos.

Promedio de profundidad y duración de los mercados bajistas para las acciones de Estados Unidos desde 1950 al 2010

Correcciones históricas acciones en crisis económicas de Estados Unidos
Fuente: Elaboración propia en base a Bloomberg.

En este gráfico podemos observar cómo la caída promedio de los mercados bajistas desde 1950 al 2010 fue del 35% con una duración promedio de 426 días o 1 año y 7 meses (ya que tomamos los días hábiles del año que son 240). Estas métricas resultan de crucial importancia para contar con una referencia cuando se está produciendo un mercado bajista.

Más allá de las particularidades de cada crisis económica, es importante rescatar algunas lecciones que deja la historia. Primero, entender que es imposible predecir el comportamiento del mercado y muchas veces, ante estas situaciones lo mejor es mantener la calma y permanecer en la inversión, ya que generalmente, las recuperaciones suelen ser igual de rápidas que las caídas. ¿A qué nos referimos con esta última afirmación? Aquí se puede ver bien claro:

Recuperación promedio en los 12 meses posteriores desde los puntos más bajos de cada mercado bajista desde 1950 al 2010

Subas de acciones Estados Unidos
Fuente: Elaboración propia en base a Bloomberg.

Luego que los mercados bajistas tocaran un piso, los 12 meses posteriores mostraron subas de un promedio del 40% en dólares. Esto demuestra por qué a veces, a pesar de los embates del mercado, permanecer invertido es una buena decisión, ya que se trata de los mejores momentos para generar riqueza y multiplicar nuestro capital. A través de nuestro curso “Hacia la Libertad Financiera” profundizamos mucho en este y otros conceptos para ayudar a los inversores a aprovechar estas oportunidades históricas.

El famoso inversor multimillonario Warren Buffet solía decir que “el mercado ayuda a los que saben lo que hacen pero no perdona a los que no”. Basta con mirar el gráfico anterior para ver que las mejores subas de la historia se dieron luego de las mayores bajas. En ese mismo aspecto, Buffet posee otra frase que se adapta perfecto a los escenarios de crisis: “Debemos ser codiciosos cuando los demás son temerosos y temerosos cuando los demás son codiciosos”.

A lo largo de la historia y sus vaivenes, queda demostrada la importancia de mantener la calma a la hora de las dificultades que presentan los mercados. Apegarse al horizonte de inversión elegido en la estrategia y un pensamiento crítico y lateral nos permitirá beneficiarnos de esas subas de precio y reducir los efectos de la volatilidad.

 

Crack del 29: causas de la peor crisis económica de la historia

También conocido como “jueves negro”, el crack del 29 fue la peor caída del mercado de la historia de la Bolsa de Estados Unidos. La crisis financiera dio inicio al período conocido como “La gran depresión”.

Después de la Primera Guerra Mundial (1914-1918), Estados Unidos estaba en una posición privilegiada frente al resto del mundo. Su imparable crecimiento industrial lo había convertido en el principal proveedor mundial de materias primas y productos industriales. Mientras sus ciudades crecían con la llegada de los buscadores de la “tierra prometida”, el consumismo estaba en su salsa y se había convertido en el auténtico “way of life” americano. Este clima de bonanza económica hizo que gran parte de la población mirara con interés la compra de acciones de las empresas más pujantes del momento, y siendo Wall Street el centro de la economía mundial, nada podía salir mal.

Hasta 1929, la compra de acciones creció en un 90% y la bolsa de Wall Street estaba extática. Nadie quería perderse la oportunidad de ganar dinero en la bolsa, tanto así que mucha gente empezó a pedir préstamos a los bancos para poder comprar acciones. Sin embargo, los síntomas de una economía en peligro no tardaron en empezar a notarse: los ingresos ya no permitían sostener el ritmo de consumo, las exportaciones de Estados Unidos comenzaron a frenarse generando una acumulación de stock, los almacenes se llenaron de mercadería y lentamente comenzaron a sucederse los despidos. Mientras tanto, la Bolsa continuaba con su marcha incesante de crecimiento, sin análisis ni relación alguna entre el valor de una acción y el estado de la empresa que la ofrecía; solamente una gran demanda por parte de los especuladores que hacía que el valor de las acciones siga subiendo.

Si bien a simple vista la situación parecía soñada, la Reserva Federal advirtió el peligro dentro de la euforia y decidió endurecer la política monetaria a partir de 1928 para frenar la compra de acciones. Así paulatinamente llegaron el encarecimiento del crédito, la caída de los precios inmobiliarios y el desplome de los bonos. Todo esto sumando a que la gran masa de inversores quería vender al mismo tiempo hicieron del desenlace, una verdadera crisis sin precedentes en la historia.

Ciudadanos norteamericanos desempleados haciendo fila por un plato de sopa gratis.

Finalmente, el jueves 24 de octubre de 1929 (aquel famoso “jueves negro”) se produjo el crack de la Bolsa de Nueva York. ¿En qué consistió esto? En una caída de casi el 30% en un día y más de 16 millones de títulos cotizando simultáneamente a la baja sin encontrar comprador. Esta abrupta caída provocó con la ruina de aquellos que se habían endeudado para poder comprar dichos títulos y el pánico no tardó en apoderarse de los inversores que, desesperados, corrieron hacia los bancos para retirar el dinero de sus cuentas bancarias llevando a más de 600 entidades bancarias a la quiebra.

El crack de la bolsa que comenzó el jueves 24 de octubre siguió en picada hasta el martes siguiente e inauguró un periodo de contracción económica mundial que se extendió a lo largo de toda la década de los 30; a este período se lo conoce como “La Gran Depresión”. Así, en pocos días Estados Unidos pasó de ser la primera economía mundial a tener un consumo paralizado, sobre producción de stock y el cierre de muchas empresas. Se estima que en este período llegaron a haber 14 millones de desempleados pero la crisis no terminó ahí: la caída de Estados Unidos tuvo su efecto en otras economías del mundo y afectó fuertemente la producción mundial generando tensiones en el mercado laboral.

Entre las consecuencias más palpables de la crisis del 29 se cuenta el desempleo masivo que afectó a gran parte de ciudadanos norteamericanos y del mundo y por supuesto, el abrupto paso de la bonanza económica a la pobreza extrema. La crisis, además, trajo aparejada un aumento en la tasa mortalidad y se propagaran las villas marginales en las zonas circundantes a las grandes ciudades.

Según el exitoso inversor y padre de los FCI, John Templeton, las cuatro palabras más peligrosas en finanzas son: “Esta vez es diferente”. Sus enseñanzas refieren a que no siempre lo mejor es seguir a la manada, cuando las cosas parecen demasiado buenas, permitite dudar. Desde Central de Fondos siempre instruimos a nuestros clientes para que tengan ojo crítico y sepan detectar las verdaderas oportunidades. En esta historia, miles de personas se endeudaron para comprar títulos de empresas que desconocían y terminaron en la bancarrota. Para finalizar, vale citar a otro excelso inversor, Warren Buffet, que afirmaba que “el mercado ayuda a los que saben lo que hacen, pero no perdona a los que no lo saben”, algo que quedó evidenciado durante la Gran Depresión.

 

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